La película “Entre Nos” de las directoras Gloria la Morte y Paola Mendoza cuenta la historia de una familia de inmigrantes compuesta por: Mariana (la madre), Antonio (el padre), y dos hijos pequeños Gabriel y Andrea. Nueva York es el lugar donde se desarrolla la trama, la cual empieza con la partida de Antonio a la ciudad de Miami por motivo de un trabajo mejor, dejando a su familia en Nueva York con la promesa de mandar por ellos. Antonio nunca se reporta, y a Mariana le toca hacerse cargo de los niños. Este personaje al inicio de la narración, se muestra dependiente de su marido, y al verse sola e inmersa en un contexto ajeno al suyo, donde no se comparte el lenguaje, ni la manera de gustar el mundo, le cambia totalmente los planes de su vida. Ya no tiene de quien esperar, pero si quien espere de ella. La tranquilidad y los sueños de un futuro se convierten en supervivencia donde cada día es un reto. El no saber hacer nada más que ser ama de casa la obliga a vender empanadas, símbolo de hispanidad, que al fin de cuentas no le resulta. Nadie le compra empanadas por que no hace parte del ambiente comercial de dicho contexto. Aquí vemos un choque de identidades. Por un lado, Mariana no domina el inglés, lo que le resulta una barrera casi infranqueable para desenvolverse en un medio cerrado, donde cada quien se preocupa por lo suyo, y no le interesa entender al "otro". Su hijo Gabriel, un niño de aproximadamente 10 años se convierte en su traductor, permitiéndole entender mínimamente a ese otro lejano, desconocido y ajeno; Pero Mariana en medio de su incapacidad y necesidad de hacerse entender acude al lenguaje kinésico que le permite expresar su dolor y desespero. Este aspecto lo vemos en el momento que busca una habitación dónde vivir, y en la que se da cuenta que está embarazada, situación que la lleva a pedirle ayuda a la arrendadora. Esta entiende su dolor brindándole ayuda. El cuerpo y sus expresiones de dolor, alegría, rabia, etc. se convierten en el mediador de estos límites. Los sentimientos y la manera como los expresa el cuerpo son universales. Pero no es suficiente. El hombre es un ser gregario que necesita interactuar por medio del lenguaje y sentir que pertenece a un lugar. Gabriel le pregunta a Mariana el por qué se tuvieron que venir de Colombia. Esta pregunta hace evidente la extrañes de los espacios; un adentro y un afuera que se evidencia en la imposibilidad de una estabilidad social y económica. Ellos estaban afuera, luchando por acoplarse a un medio agreste. Pero la lucha era más dura para Mariana que ya tenía una estructura formada en su mente. El hombre adulto piensa y actúa de acuerdo al contexto donde creció. Sería más fácil para los niños adaptarse al nuevo medio. Gabriel entró a una escuela donde se hablaba en inglés y convergían muchas culturas. Sería lo mismo para Andrea, la menor, cuando llegara su turno de ir al colegio. Mariana es el personaje desarraigado. Por medio de ella se ve el afuera, el otro, y sobre todo el conflicto de identidad. Le costaría adaptarse, o más bien, que le dieran la oportunidad de hacerlo. Al fin lo logra, pero no sola. El espacio que le abre otra mujer latina en mejores condiciones es fundamental. Las empanadas debían ser vendidas en un lugar reconocido como representación de cierta institucionalidad, es decir, actuar conforme el contexto lo exige. De esta forma el afuera se hizo menos rudo, y el conflicto de la identidad, flanqueada por lenguaje se debilitó, puesto que lo que nos identifica es lo que nos permite entendernos y acercarnos al otro, aunque el otro siga siendo el otro. Si esta historia se hubiera hecho en Colombia, entre colombianos sigue existiendo un “otro” que le da validez al “Entre nos”.
Mónica M. Ruiz M.
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