
En la película se aborda una problemática muy común en el diario vivir de Colombia, quizá la diferencia se encuentra en la idea de llevarlo afuera, es decir, mostrarlo desde Nueva york, hecho que quizá aumenta el drama, pero que no hace una diferencia real, dado que no es necesario salir del país para terminar en las calles, ocupando el lugar de uno de los mal llamados indigentes. La búsqueda de una mejor vida en Estados Unidos es un sueño viejo, además, está comprobado que no funciona, de pronto para algunos, pero la gran mayoría de emigrantes padecen miles de angustias y de maltratos –la vida y su conservación llegan al límite–.
Y precisamente lo que hace que exista una palabra como colombianidad (entendida como identidad, lo que nos hace colombianos), es porque en el extranjero, el colombiano se manifiesta casi siempre nostálgicamente. No piensa al país; lo siente. Los símbolos exteriores que lo identifican, borran momentánea y circunstancialmente las diferencias regionales. Se es colombiano, no 'paisa', 'costeño' o 'rolo'. En el exterior, se rinde homenaje a una sola tierra. Aunque la situación funesta que desde hace algunos años recae sobre nuestro pasaporte –no abre puertas, las cierra–, una sola identidad, identidad de carácter instintivo aparece entre los colombianos. Ahora bien, ¿Qué nos hace ser colombianos?, las empanadas, el aguardiente, la rumba, el sombrero vueltiao… ¿Son esos nuestros símbolos patrios?, o tal vez Shakira y Juanes. En el extranjero siempre somos los otros –otros entendidos como menos– (narcotraficantes, subdesarrollados, latinos).
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