Sí ve, sí uno les da un vuelco no se escapan…
Las tierras son de nosotros los negros…
El problema es que nosotros hemos vivido aquí toda la vida, pero no tenemos las escrituras…
El vuelco del cangrejo, es una película en la que es imposible no fijarse en la fotografía, en las excelentes imágenes de uno de los tantos lugares hermosos, que en Colombia permanecen en el anonimato y en el olvido. Mundos aparte, con conflictos que deslindan en temas como: lo ancestral, la modernización, la tierra, lo urbano, entre otras. Un lugar en el que pretenden hacer su entrada “el progreso” y “el capitalismo”, es decir, que quizá este lugar aparezca en el mapa, pero bajo condiciones diferentes, con dueños aparecidos de la nada que despojan a los nativos con papeles y engaños. Es cierto que de entrada la película no cuenta una historia como aquellas a las que estamos acostumbrados, pero pone sobre la mesa una multiplicidad de problemas que afectan a zonas y a comunidades enteras de nuestro país: el conflicto armado, la lucha a sangre y fuego por la tierra, el intervencionismo de culturas ajenas a las nativas que antes que ayudar, generan corrupción, hambre, pérdida de la tradición y de las costumbres propias, imponiendo otras que son completamente ajenas. Es cierto que en algunos casos líderes como “Cerebro” intentan oponerse a dichos cambios, pero es allí cuando los conflictos armados inician y la tierra por la que se pelean termina bañada en sangre y gimiendo de dolor.
En general la película sobrepasa los límites entre la ficción y la realidad. La lucha es desigual y de acuerdo con el conocimiento que tenemos de los hechos sabemos quién triunfa siempre en estos casos.
Por: Mónica Díaz

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