El vuelco del cangrejo es una película simbólica, que encanta por su belleza en el lenguaje metafórico, donde sin ser exactos y directos se hace una crítica política y se manifiesta una ideología común pues son muchos los afectados con el plan del Paisa, personaje sobresaliente por su poder y su papel de terrateniente, él afecta no sólo a Cerebro sino a toda la comunidad Afrodescendiente; puesto que al llegar a La Barra y encomendarse la tarea de construir un hotel adueñándose de una tierra que no le pertenece e imponiendo limites en el territorio por medio de una barrera de madera ataca directamente a toda la comunidad; además, con el papel del Paisa se desarrolla otro problema que se delinea en la película, y es el mal uso del turismo, pues descansa en las manos de personas que no son nativas del territorio. Pero no es sólo el Paisa el que lucha por sus intereses propios colaborando al crecimiento económico que propone el Capitalismo abriendo una grieta entre costumbres sino que también aparece Daniel, personaje estratégico que permite que conozcamos el escenario y los personajes que conviven en La Barra; él también lucha por sus propios intereses aunque estos no sean económicos en apariencia; sin embargo, se evidencia que él no se encuentra en este lugar remoto gratuitamente pues pareciera que huyera de algo, de alguien o de sus recuerdos, pues lo único que se muestra en la película sobre el pasado de Daniel es una fotografía que guarda con recelo. Por último, otros dos personajes importantes que aparecen en la película es Lucía y Jazmín; la primera es una niña que revela la carencia de la comunidad, pero que encarna la inocencia que pervive en un niño a pesar del dolor del desarraigo y la pobreza tanto material como cognitiva, pues es claro que ir al colegio es una actividad esporádica; y la segunda es una mujer que encarna el ultraje y la explotación que sufre con Cerebro y con el Paisa, todo por la necesidad de alimento.
Realmente, el vuelco del cangrejo es una película admirable que retrata la vida cotidiana, llena de una tensión apacible que respiran todos y que percibe Daniel al quedar atrapado en esta comunidad. Comunidad que se debate contra el famoso “progreso” que acarrea una supuesta mejora e innovación, abriéndose una brecha entre lo ficticio y lo “real” dejando en el espectador un sinsabor de boca frente a los problemas que se bosqueja entre líneas, el paisaje y el silencio que reina en momentos.
Johanna Areiza Madrid.
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